Esa larga búsqueda, infructuosa en mi caso,
ese resabio de esperanza que no me deja gritar,
el cándido rumor de esa bruma color durazno,
un amanecer de primavera.
La resignación que dejas en cada palabra,
la perfección de la vida en mi destino,
las coincidencias no tan casuales,
el temor al cielo, mas que al infierno.
La falta del calor, ya no de un abrazo
sino del verano de tus piernas,
la sinuosidad del terciopelo en mis manos
y la humedad del olor dulce que no tengo.
El cerrar los ojos en el momento perfecto,
el contener la respiración para no embriagarse,
el querer sin querer, y el tener que evitarlo,
el no pensar para seguir viviendo.
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