Como sostener con las dos manos
el cielo teñido de sangre
ese peso invisible
ceñido sobre mis hombros
ajeno a mi, pero tan adentro
que revuelve el estomago
y ata mis ilusiones.
Niegas cada luz
llena de sombras
en medio de la penumbra;
y aunque puede ser cierto
que el árbol carezca de hojas
y las hojas de ramas,
me rehuso a creerlo.
Me empeño en dibujar
en pintar carteles
en abonar la tierra
en vivir el dolor
en llorar en seco
en retorcerme en mi tumba
y en la creencia divina.
Aun tengo fe...
pero aun muero lejos...
jueves, noviembre 18, 2004
Número 14
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