No había visto sombra más imponente
y aun así no estaba asombrado
ella sabía del cielo de estrellas
pero no tenía el coraje de tocarlas
Y hubo calor en una noche de primavera
pero la música sonó tétrica en el final
y batallé contra dragones de papel
esos que no eran míos,
pero había empezado a querer
No les tuve miedo, ni a su fuego
ni a su tamaño, ni a su furia.
Pero ella quiso defenderme
relegando toda su felicidad
a un puñado de momentos buenos
a un sinfín de heridas de corazón
Y todo quedo allí, a merced del tiempo
al alcance de su mano,
y yo aquí, sin demasiadas chances,
siendo amado, en la distancia, en el olvido.
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