jueves, noviembre 18, 2004

Número 5

Y el viento sopló fuerte y una daga abrió el cielo,
el frío cubrió una imagen que el gris no lograba opacar,
los números ya no encontraban su espacio
para calmar el sueño despojado de miedos,
cual triste desolación volvió el rojo a poblar mi muerte,
ese rojo sangre, odiado tantas veces,
hoy paraje de mis pensamientos mas oscuros.
Una mirada triste cubierta de olor a viejo
en un descanso en la pradera amarilla
quiero dormir, para ya no despertarme,
al menos allí podré elegir donde viajar
o tal vez encontrar en el camino un certero destino,
con llantos, con desesperanzas...
Bienaventurados los que tienen fe
y encuentran lo que buscan o buscan lo que desean,
mi fe es solo una explosión que muere en un instante
en un cielo azul oscuro,
ya ni fuerzas tengo para métodos mas osados,
ni la elección de un amigo que me acompañe.
Mi morada será la de un utópico
desesperanzado porque este no fue su tiempo
ni tuvo coraje para decirlo,
esas personas demasiado nobles
que lo único que ganan son caballeros negros
y lanzas y mazmorras, o el yugo de una vida, mi distancia
Pero tranquila, que estaré allí, donde el corazón,
zarpando de tu orilla y donde las olas bañan tu desgracia
la vida, cruel destino de almas solitarias
que buscan redención en compartir su egoísmo;
solo no aprendí a no aceptarla,
solo busque a mi media mitad partida, mi complemento.
Pero tranquila que solo es una perdida temporaria,
hay una recompensa a todo este incendio
debe haberla, porque si no existiese, viviríamos mejor,
o tal vez, viviríamos...
Pero tranquila, que el mar calmara sus ansias
y una suave voz nos envolverá y una calida mano será dicha.
Pero tranquila amor, tranquila...

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